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2010/05/19

La lectura en la educación actual

En la Educación Secundaria lo que se intenta es sentar las bases para una posterior formación académica más avanzada del individuo. Por eso en la ESO se enseña Física, Matemáticas, Historia, Lenguas extranjeras... Lengua y Literatura, o más bien, Historia de la Literatura. En las primeras, se empieza por lo más fácil y se deja lo más peliagudo para los últimos cursos o para más adelante. Pero en esta última se sigue un orden cronológico que, aunque está bien estructurado temporalmente, no se adapta como es debido a la madurez de los niños de esas edades.

Es cierto que para saber las causas de cierto movimiento literario debes conocer la situación histórica y también las tendencias anteriores, pero para un niño de 14 años, da igual que le expliques el Siglo de Oro español, porque a esas edades, intentar que lea El Quijote es contraproducente. Siempre recordará aquella semana en la que tuvo que leer aquel gran libro en lugar de leer sus divertidos cómics y el aburrimiento que ello le supuso. De este modo con razón los índices de lectores jóvenes se ven reducidos y las campañas a favor de la lectura se disparan.

En el sistema educativo actual ya es muy difícil dar el temario completo y si además se deben recomendar libros de lectura a mayores de los que ya se tienen que leer, la tarea se vuelve muy complicada. Los profesores más duchos en su asignatura son capaces de lograr esta hazaña, y estos alumnos serán afortunados, porque a su vez habrá muchos que odien la lectura a raíz de las malas experiencias escolares con los libros de lectura obligatoria.

Leer no debe ser una obligación. Se debe leer por placer. Y en esto también influyen mucho las familias. Si los padres son lectores, los hijos serán lectores. Y si los padres no lo son, a los hijos les será más difícil llegar a serlo.

Pero es muy fácil para los padres y para los niños echar las culpas de su falta de lectura a los demás, ya sea a los profesores o a los políticos. Cierto es que leer El Quijote a los 14 años no es lo más apropiado, pero no es culpa de los políticos que en casa algunos padres no den ejemplo a sus hijos leyendo o les riñan por leer en lugar de estudiar.

Si se quiere cambiar esta situación se debe llevar a cabo una tarea conjunta entre, políticos, profesorado, alumnado y padres para lograr el aumento de lectores entre los más jóvenes, porque leer no es una pérdida de tiempo.

2010/05/18

¿Clásicos? No, gracias.

Todavía no he conocido a ningún estudiante al que le guste leer los famosos libros obligatorios, ya que nos tenemos que adaptar a los gustos del profesor, y mucho menos si se trata de un Quijote o una Celestina… Los clásicos son como una especie de pesadilla de la que no podemos escapar que nos persigue durante la ESO y el bachillerato.

Lo cierto es que hasta ahora no he sido una lectora habitual y nunca me he sentido demasiado atraída por la lectura. Sin embargo, he tenido suerte en lo relacionado con los libros obligatorios. Digamos que los profesores se portaron bastante bien y hasta 2º de BAC no he tenido que leer ningún clásico. Todos los cursos teníamos que leer una serie de libros a elección del profesor, y normalmente no me disgustaban, incluso algunos llegaron a engancharme.

Para adolescentes como yo, que no nos apasiona la lectura, no es recomendable empezar por algún que otro tostón que lo único que consigue es crear rechazo por nuestra parte.

Una buena idea sería que el profesor guiase a sus alumnos para leer sobre temas que les puedan interesar, y que a raíz de ahí cada uno empiece a saber qué es lo que más le gusta. Porque para saber lo que nos gusta, primero hemos de probar multitud de opciones, para finalmente quedarnos con la que, a nuestro juicio, es la mejor.

La lectura es un mundo aparte en el que hay lugar para todos los gustos y opiniones y que no se ciñe a las novelas, sino que abarca un campo mucho más amplio: cómics, revistas, periódicos…

Lo mejor es introducir a los más pequeños poco a poco en la lectura con libros infantiles, de tal manera que para ellos se convierta en una afición más, que, además, está repleta de nuevos descubrimientos.

2010/05/17

El ataque de los clásicos

Leer un libro por obligación es algo así como comerte una piedra sin poder beber ni agua. Y lo digo yo, que no soy una erudita, pero sí suelo leer a menudo. Los planes de estudio que se empeñan en hacer tragar a los alumnos los clásicos sin haberse leído antes ni siquiera a Manolito Gafotas no se dan cuenta del daño que hacen a la literatura. Ya que esos niños inocentes obligados a leer algo que les parece chino acabarán por deducir que la lectura no es lo suyo. En mi caso, no he sido obligada a leer el Quijote y los profesores han esperado benevolentemente a primero de bachillerato para proponernos al Lazarillo de Tormes. Por suerte los libros que me han mandado leer han sido elegidos acorde a nuestra edad (aunque eso no ha impedido que se colara algún que otro tostón).
Comprendo que sean en parte necesarias estas lecturas obligatorias, si se quiere hacer un examen de lo leído. Cada uno tendrá que aguantar los gustos de su profesor, con un poco de suerte dará en la diana e inspirará a los alumnos para que sigan leyendo. Sin embargo, lo ideal sería que cada quien leyese sólo por placer, los libros que más le atrajesen.
El amor por la lectura debe empezar ya desde pequeños, pocos son los adolescentes que descubren de pronto su amor por la literatura (sobre todo cuando nos hacen “chapar” la vida y milagros de nuestros queridos literatos). Si desde niños nuestros padres nos cuentan cuentos, nos compran libros infantiles y nos incitan a ello, lo más probable es que le acabemos cogiendo el gustillo. Lo importante es empezar con obras acordes a nuestra madurez y a nuestro gusto, para luego pasar, si es preciso, a los clásicos.

Cuando leer no es un placer

Si de una pata cojea el sistema educativo español, tengo claro que es por su insistencia en premiar el sacrificio frente a la inteligencia. Me explico:

A los 10 años recuerdo tardes estudiando los pistilos de las flores. Entonces, no entendía qué sentido tenía identificar las partes masculinas o femeninas de una planta si ni siquiera podía distinguir una azucena de una gardenia.

A los 14 años sufrí al tener que “disecar” a los insectos por tamaño, número de patas y de ojos. Cada vez que veía un espécimen al que yo llamaba “bicho” lo único que se me ocurría hacer era salir corriendo.

La gente más capaz o más preparada no es aquélla que mejores notas obtiene en el instituto, sino la más hábil y que más inquietudes tienen por aprender. No sabe más de arte aquel que conoce todas las características del cubismo al dedillo sino el que sabe apreciar un Picasso en cuanto lo ve. No estamos siendo preparados para afrontar un futuro laboral práctico y con los años, se nos verá el plumero.

Lo mismo sucede con la literatura. Ya omitiré la aberración de listados de autores y obras que debemos digerir antes de Selectividad. Pero, ¿de qué nos sirve conocer toda la vida y milagros de Lorca si cuando nos ponen delante el Romancero, lo miramos con el mismo miedo que si nos estuviesen pidiendo resolver una ecuación de mecánica cuántica? En cuanto a la lectura de estos grandes clásicos, hay opiniones de todo tipo. Pero en algo que seguramente estemos de acuerdo es que, un chaval al que no le interesa la lectura, no puede empezar por La Regenta. Se nos premia o castiga por leer libros que no nos gustan, con los que no compartimos en muchos casos referentes culturales porque en historia “aún vamos por el tema 7”. Otro fusilamiento de la literatura en un sistema democrático.

2009/06/10

III Premios Espiral-Edublogs

Eran las cinco de la mañana y el sol todavía no daba señales de vida. El despertador empezaba a hacer mella en nuestros oídos. Empezaba un día largo y movidito, pero merecía la pena: ¡Nos íbamos a Madrid!

Con la cara un tanto desmejorada y las ojeras características de una mañana de cuya hora no quiero acordarme, embarcamos en el aereopuerto de Santiago. Tan sólo 35 minutos más tarde, vislumbrábamos la ciudad desde la ventana del avión: el día comenzaba.

Ante nosotras la T4, un inmenso aeropuerto lleno de “gates pero ninguna salida” aparecía ante nosotras. Una vez que conseguimos “encontrarnos”, nos dirigimos a Caixa Fórum donde nos esperaba la III Edición de los Premios Edublog. Una mañana llena de nervios ya que nos tocaba defender el blog delante de un público cuanto menos selecto... Primero fue el turno de nuestras profes con Bibliocabe y Tictiza tuvo el “honor” de cerrar el acto.

Después de reponer fuerzas, visitamos el Museo del Prado con la exposición temporal de Sorolla que, sinceramente, no defraudó.

Y , por último, el postre: La feria del libro de Madrid. Bea y Mª Luz llevaban todo el día frotándese las manos y preparándose para saquear las casetas, pero el exceso de peso sólo permitió arrasar con buena parte de la cosecha, que no la suficiente (o al menos eso fue lo que ellas pensaron). Escritores como Javier Cercas, Manuel Rivas, Manuel Hidalgo, Julio Llamazares, Javier Marías, Antonio Colinas, Luis García Montero o Gonzalo Moure -entre otros- se encontraban firmando libros.

El día terminaba y con 10 kg más de peso por persona nos volvimos a Monforte: la cama nos esperaba.