2010/03/09

Un cambio de vida

Martina era una niña pija. Tenía un nombre pijo, había ido a un colegio de pijos y su vida era de color rosa palo. Pero esa niñita creció y se convirtió en una adolescente repipi y en una adulta finolis.
Aparentemente, Martina era la típica mujer que tenía la vida solucionada. No tenía que hacer nada para que todo le fuese sobre ruedas. Pero Martina era diferente: no quería depender eternamente de sus padres y además era una enamorada de los animales. Eso fue lo que la impulsó a abandonar su casa y mudarse a un apartamento, ella sola, e inscribirse en la Asociación Española para la Protección del Lince Ibérico.
Desde que Martina tomó esa decisión su familia cambió la percepción que tenían de ella. Al principio intentaron por todos los medios que no lo hiciese, que no dejase su casa. La sobornaron con comprarle todos los animales que quisiese, le prometieron que le montarían un apartamento adosado a la mansión familiar, y que podría vivir allí hasta que se casase. Y es que ellos tenían pensado un futuro diferente para su hijita querida: querían que viviese en una enorme y lujosa casa, con un marido ricachón y joven que la mantuviese. Pero Martina no era así. Ella decidía por sí misma.
Así fue como , Martina, enfadada con sus padres, decidió empezar una vida nueva, lejos de ellos. Aunque , eso sí, gozando de los privilegios que la posición económica de su familia le permitía. Se inscribió en la Asociación. Y pronto empezó a trabajar. Sin embargo no era muy aceptada por los compañeros. Todos eran de clases humildes o de clases medias, nada que ver con ella. Y aunque no le tenían envidia, si existía un cierto pique. Martina no era el prototipo de trabajadora de una protectora de animales. No encajaba en ningún lado...
Martina oía todos los días comentarios de tipo: “¡Ay! Cuidado con la pija, que no vaya ella a buscar la nueva camada porque igual se mete un tacón en un hueco.”, cuando iba de expedición al bosque. O :“¡Cuidado¡, use guantes altos, no se vaya a manchar de excrementos la señorita y dejar de oler a ese perfume tan bueno que lleva”, cuando investigaban un nuevo ejemplar que estaba enfermo. O también: “Mira la niña pija... Mucho Rolex mucho Rolex , pero siempre llegando tarde...”.
Poco a poco, Martina fue acostumbrándose a oír esos comentarios. Era difícil que la gente no se guiase por el exterior y se interesase por cómo era ella, sin importarle lo material. Por eso tenía muy pocos amigos. Pero al final, lo logró. Consiguió un trabajo muy bueno en la protectora y en unos años, dejó a un lado la tarjeta de crédito que su padre le había regalado por su 21 cumpleaños y la cambió por una propia. Empezó a no depender de nadie.
Martina nunca cumplió las expectativas de su familia. No se casó. No fue rica. No continuó con la empresa familiar... Pero sí cumplió con sus objetivos personales: fue medianamente feliz.

No hay comentarios: