2008/12/28

Historia de un letrero

Corto premiado este año en el festival de Cannes, del que se puede aprender la importancia en la elección de nuestras palabras.

2008/12/10

From Vigo to Bukavu



-Feliz cumpleaños Numengi, ya estás hecho todo un hombre. Siento mucho no tener nada que ofrecerte…10 años no se cumplen todos los días.
-¡Numengi, date prisa que llegamos tarde!
-¡Ya voy! Tengo que irme. Nos vemos a la noche.
-Ve con cuidado.


-Esto no es lo que te he pedido, ¿y mi móvil?
- Pero David, si te compramos uno hace menos de un año.
- Ese ya no vale para nada; además, ahora vienen todos con pantalla táctil.
- Tu padre y yo lo hemos estado hablando, no te compraremos otro hasta Navidades.
- ¿Y tengo que esperar 4 meses? Ni de coña, lo quiero ahora. ¿Me has oído? Puedes quedarte con estos regalos, yo quiero mi móvil.

Cada vez que lo veo marchar me recuerda a su padre, su alegría…Él nunca pierde la esperanza. Confía en estudiar y llegar a ser médico. Si él supiera… Yo ya no valgo para nada, estoy vieja. Tengo miedo a perderlo.

Estoy harto, ¿pero estos qué se han creído? Pues hoy lato las tres últimas. ¿Dónde guardará esta la cartera?… Ah, aquí está. 10, 30, 50. ¿Sólo 50? Me temo que tendré que llamar al “Koletas” y que me lo solucione.


No pensé encontrarme con nada así. Se están muriendo continuamente. Sólo tienen 7 años y ya trabajan… por Dios. Sin alimentos ni medicinas no puedo hacer nada. Esta última familia se ha quedado sin nada. La madre infectada, otra más, 5 hermanos, el mayor sólo de 10...es imposible que salgan adelante y encima esos cabrones explotándolos. No hay derecho.

-¿Y la Play 3? Venga, ¿qué más te da? Si viene con el juego de Super Death IV.
-Hace un mes pediste la X-BOX. No puede ser, lo siento.
- ¿Pero de qué vas? Me tienes harto.


-¡Venga, vagos, moveros de una vez! ¿A qué estáis esperando?
Lo doy todo por ellos, sobreviven gracias a mí y ¿qué me dan a cambio? disgustos. No se merecen nada. Son una basura.

-Corre, corre, gira a la derecha
-Tío, que nos cogen, separémonos.
Sigue, venga. No puedo acabar en el trullo otra vez, esta vez le dijeron a mi padre que no me la pasaban, por muchos contactos que tuviese. Como mis viejos se enteren…me quedo sin salir hasta vacaciones. Bien, creo que les he perdido.


-Numenji hace ya 2 meses que no viene por la escuela, ¿le pasa algo?
-Verá, mi marido murió, no tenemos para comer, él es el hermano mayor… Usted sabe que yo no me puedo valer por mí misma… Numenji está trabajando en la mina.
-Pero….

Creo que voy a pasar de la ESO. Estoy hasta el culo. Siempre las mismas movidas: exámenes, trabajos…Ahora la de lengua se cree que no tenemos otra cosa que hacer y nos manda un trabajo sobre el colton, coltan o vete tú a saber qué. Venga ¿A quién le importa esa mierda?

Concurso: Leer tiene premio

Leer tiene premio es una iniciativa promovida por CEDRO, el Plan de Fomento de la Lectura, el Servicio de Orientación a la Lectura y la Federación de Gremios de Editores de España, una propuesta más para incentivar la lectura y la presencia del libro en los hogares. Como ya sabréis por ediciones anteriores, se trata de juegos online sobre literatura.

En esta ocasión consiste en situar a 20 personajes que se han escapado de sus libros a través de las pistas que nos proporcionan. La primera tarea es lograr “detener” al personaje que corre y se esconde entre los libros, cuantas más pistas solicitemos, menos puntos obtendremos y los personajes secundarios puntúan más que los protagonistas.

El juego estará abierto durante el mes de diciembre, desde el día 1 al 29. Los jugadores que hayan obtenido las puntuaciones más altas recibirán los siguientes premios:

1º: Un smartphone modelo HTC o similar.

2º y 3º: Un GPS G350, diseño slim, con pantalla táctil y navegación por voz.

4º al 10º: Un marco digital modelo Vision Middle, con pantalla TFT LCD de 5,6 pulgadas.

Así que ya sabéis: ¡leer tiene premio!
(Vía Trafegando ronseis)

2008/12/09

Crisis económica

Mi percepción de la economía parte de dos puntos de vista diferentes: el de una ciudadana más desbordada por las noticias de los medios de comunicación sobre la crisis mundial y el de una adolescente más. Tras escuchar o ver las noticias, oír a gente hablar sobre este tema e informarme un poco, creo que conseguí entender un poco la situación económica actual. Regresemos al año 2007: con el euribor en mínimos, los estadounidenses comienzan a pedir hipotecas a los bancos. Estos las conceden despreocupadamente pero no contaban, o no quisieron contar, con la subida de más de dos puntos de los intereses. La gente, que hasta entonces conseguía hacer frente a su hipoteca con un sueldo muy bajo, comienza a asfixiarse y se convierte en insolvente. Tienen que preocuparse por comer antes que por pagar. Entonces, los bancos comienzan a perder liquidez y se ven obligados a embargar las casas, a pesar de lo que, ya que el precio de la vivienda baja, no logran recuperar el valor de lo prestado. De esta manera comienza la crisis en los EEUU. Poco después, este fenómeno se extiende al resto del mundo. Los bancos estadounidenses venden las hipotecas basura a bancos europeos a muy bajo precio y estos, pensando que se iba a convertir en un buen negocio, se encuentran con serios problemas de liquidez. Comienza la crisis en Europa. Se ha intentado poner en práctica planes de rescate tanto en EEUU como en Europa. Sin embargo, el rojo sigue inundando las bolsas. En todo caso, la única solución que considero posible es la nacionalización de los bancos. ¿Dónde está la mano invisible de Adam Smith? Hemos llegado a este punto porque quisimos. Unos, por engaño y otros, por avaros. Hipotecas de cuota creciente a obreros que los primeros meses se las podían permitir pero que a los dos años pagaban casi el doble, sin contar con el aumento de los intereses; seguros hipotecarios que afirmaban que, cuando el asegurado perdiese el empleo, se ocupaban del pago de la hipoteca (claro que en la letra pequeña se especificaba que debía tratarse de un contrato indefinido) He leído artículos donde se afirmaba que la quiebra de algunos bancos permitiría sanear la economía, aun a costa de los pequeños ahorradores… ¿Quién se fía ahora de su banco? La crisis, por el momento, no me afecta. A pesar de que las visitas a los abuelos ya no son tan numerosas, su “generosidad” no ha mermado. Otro buen síntoma es que el solomillo sigue siendo un plato que no nos abandonó. Dándole vueltas a este tema (porque los adolescentes no sólo nos preocupamos por nuestro fondo de armario), no pude evitar pensar en aquellos cientos de trabajadores que han sido despedidos, otros que lo serán próximamente y en los autónomos que han visto reducidos sus ingresos notablemente, todos con familias a las que mantener. En estos casos es cuando nos tenemos que dar cuenta de la suerte que tenemos… En clase hemos discutido sobre este tema. Me he encontrado con opiniones de todo tipo: desde los que sólo piensan en irse mañana de compras o de fiesta (poniendo todas sus esperanzas en el PP, el único capaz de salvarnos de esta crisis) a gente que corta por lo sano y reivindica el comunismo. No me considero una persona extremista y, antes de hablar de lo que no sé, prefiero escuchar pero no creo que ninguna de estas ideas sea la solución final. Por lo de ahora, me quedan los ahorros del fondo del cajón pero entre las rebajas de enero y la navidad mi cartera empieza a temblar. Con un poco de suerte, en unos meses la situación mejorará. Mejore o no, EEUU será un factor importante y en pocos días lo sabremos: ¿Obama o McCain?


video

Para reflexionar: crisis económica

Selección de viñetas de El Roto sobre este tema:

2008/12/08

El punto de vista de un adolescente sobre la crisis económica:

Para mí, la crisis económica iniciada en el año 2007 y prolongada hasta la actualidad, es una situación de decadencia que se ha iniciado en EEUU y se ha ido extendiendo a otros países.
Esta situación desfavorable ha afectado, principalmente, a los mercados financieros: la desconfianza entre los bancos y su mala gestión en cuanto a la concesión de créditos e “hipotecas basura”, ligada a la incapacidad o falta de recursos de numerosas familias para pagarlas, ha generado infinitas deudas, y ha dado lugar a la quiebra de entidades bancarias financieras.
Ante la incapacidad para resolver esta situación mediante cualquier otro método, se ha decidido emplear el dinero del Estado, lo cual me parece necesario, aunque no del todo justo, pero se ha llegado a un punto tan crítico que es preciso recurrir a ello para subsanar los daños que han afectado a la economía mundial, y así, no empeorar todavía más las pésimas condiciones de subdesarrollo en los países más pobres.
Últimamente, la crisis económica se ha convertido en uno de los principales temas de conversación entre mis padres y yo a la hora de comer, nunca nos ponemos de acuerdo, porque yo les digo que la crisis no me afecta. Únicamente, a la hora de comprarme, por ejemplo, unos conguitos. Me he quedado alucinada cuando me han cobrado 50 céntimos por una bolsa, cuando antes costaban 20. Sin embargo, mi padre me ha hecho pensar que estaba equivocada, al decirme que mis acciones y las de mi hermano han pasado de tener un valor de 20.000 euros a tener un valor de 10.000, por lo tanto, me afecta de forma importante.
A muchos adolescentes, la crisis les influye en su paga semanal, porque sus padres, posiblemente, les dan menos dinero que antes, pero a mí en ese sentido no me afecta, porque no tengo paga. Mis padres me dan dinero cuando lo necesito, cosa que no ha cambiado.
¿Cuánto tardaremos en recuperarnos de esta crisis? Sinceramente, no tengo ni idea, puede que 1 año, 2, 3…pero seguro que esta situación terminará.

Los amos del mundo

(Artículo del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, parece una visión de Nostradamus).

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.

Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

La Crisis según una adolescente.

A primera vista parece que a los adolescentes no nos afecta la crisis, pero esto no es del todo cierto… Es verdad que los estudiantes no cobramos, no hacemos la compra y tampoco pagamos la hipoteca. Pero hay algo que hacemos muy bien: gastar dinero.
Desde que se empezó a hablar de crisis, todos los españoles nos vimos obligados a reducir gastos, y esto a los adolescentes nonos ha gustado. Si España está en crisis, los españoles ahorran, y esto significa que papá y mamá te congelan la paga (cuando no te la retiran). Por lo tanto, uno tiene que pensar en las cosas de las que tiene que prescindir para poder ”llegar a fin de mes”, y esto no se nos da nada bien. Parece que no se nota, pero si nos remontamos al año 2004, por poner un ejemplo, la mitad de un bocadillo de lomo y queso costaba 65 céntimos de euro; ahora en cambio, el mismo bocadillo cuesta 95 céntimos. A un estudiante, de media, le dan 1€ al día para comprarse un bocadillo, pero si antes le llegaba para el bocadillo y aún le sobraban 35 céntimos, ahora sólo le sobran 5! Y el padre o la madre no le da más dinero por día. Por lo tanto el pobre estudiante se queda sin “postre”. Otro ejemplo, cuando te vás de compras, te dan un tope de dinero, que por lo general ya es poco, pero aún lo es más en estos tiempos. Y después de rechazar un sinfín de modelitos que no te puedes permitir, te vuelves a casa más disgustada por lo que no te pudiste comprar que contenta por lo que traes en las bolsas… Y si esperas a las rebajas, ¡vas apañada!, porque como te descuides, luego nunca encuentras tu talla.
Al fin y al cabo, estamos en crisis por culpa de los bancos que ofrecen “hipotecas basura” y luego no recuperan su dinero. Pero entonces, ¿por qué tenemos que pagar también los jóvenes, si nosotros no tenemos ni edad para retirar nuestro dinero de nuestra cuenta? Si la culpa es de ellos, ¿por qué me tengo que quedar yo sin postre en los recreos y sin renovar mi vestuario?


2008/12/06

A teclear

A ver quien de vosotros/-as se atreve en el nivel avanzado


(Vía ANB)

El susto del anochecer.


Era una noche fría. En un túnel a la entrada de Oviedo, un tren de mercancías con dirección a la estación de A Coruña, se averió y se paró en pleno túnel. El maquinista extrañado y bastante asustado por tener que bajarse cuando todo se encontraba a oscuras, cogió una linterna que estaba por la cabina, abrió la puerta y fue a mirar que había ocurrido. Justo al bajar las escaleras y tocar el suelo, notó que había pisado algo blando y al mismo tiempo se escuchó un eructo. Alumbró con la linterna para ver que era y se encontró con un muerto al que le había atropellado otro tren y le había quedado aire dentro que luego expulsó por la boca.

2008/12/05

Pasajeros al tren

Con el tren a punto de salir, mi padre, que trabajaba como interventor en RENFE, se encontraba en la puerta de uno de los vagones mientras los pasajeros subían. Entonces, apareció una hilera de niños, de edades similares, que, seguidos por un hombre de mediana edad, se dirigían al tren. Pensando que se trataba de un viaje escolar, mi padre quiso saber si tenían un billete de grupo para excursiones y de qué colegio venían. El hombre, al oír la pregunta, se dirigió a mi padre y le respondió con cara de pocos amigos: ¡SON TODOS HIJOS MÍOS!

La Carbonilla

LA CARBONILLA
En los años de la posguerra española la escasez se notaba en todas las clases sociales, había que buscar la manera de sobrevivir, y los trabajadores ferroviarios no eran la excepción.
El señor Miguel, abuelo de mi amiga Laura, que en la actualidad tiene ochenta y ocho años, cuenta que en el año 1952 trabajaba en el taller de calderería del Depósito de máquinas de Monforte, allí calentaban las briquetas de carbón para convertirlo en carbonilla y así poder llevarlo para casa con la apariencia de legalidad ya que había que pasar los fríos inviernos monfortinos y la economía familiar no era suficiente para comprar carbón.
Un día llenó la cesta que utilizaba para llevar el desayuno con la carbonilla que había hecho aquella mañana; la ató como siempre en el portaequipajes de su bicicleta, con la goma preparada por él con la junta que se utilizaba en los tambores del vapor, de las locomotoras de carbón. Salió con los demás compañeros que, al igual que él, también llevaba carbonilla y con uno que había guardado entre sus ropas una briqueta de carbón. Aquel día los esperaba el Guarda Jurado de la empresa al la altura de la Plaza de la Estación. Cuando llegó allí el Sr. Miguel fue parado por el guarda que le preguntó si llevaba carbón, a lo que le respondió que sólo era carbonilla; le obligó a esparcirla por el suelo para comprobar que no transportaba carbón y aún así los denunció a él y a otros dos que lo acompañaban.
El señor que llevaba carbón entre las ropas aún no había llegado a la Plaza, ya que iba caminando, y vio de lejos al Guarda Jurado que estaba entretenido con los que había parado, le dio un golpe con un martillo a la briqueta y fue soltando al suelo de entre la ropa los trozos de carbón, por lo que cuando llegó a la altura de los demás ya había descargado todo el carbón, y siguió su camino.
Pocos días después el Sr. Miguel tuvo que ir al Juzgado a pagar la multa que le fuera impuesta: cincuenta pesetas, en aquel que se ganaba diariamente catorce.
Aquel Guarda Jurado que los denunció, como todos los ferroviarios que tenían a su alcance el carbón, también cogía carbonilla, aunque con el visto bueno de los jefes, que miraban para otro lado.
Pasado un tiempo reconoció el error de haberlos denunciado, aunque no se lo dijo a ellos personalmente.

Suceso en la estación

El abuelo Antonio trabajó en la Renfe durante cuarenta años. Tenía un cargo importante, y en la casa de mi madre nunca faltó de nada.
Mi madre todavía recuerda aquel día como si fuera ayer. Era una mañana fría de comienzos de los sesenta. Mi madre era muy pequeña, y todavía no se había levantado para ir a la escuela. De repente el sonido del timbre la despertó de su sueño. Oyó como alguien se levantaba y a continuación, mucho alboroto. Traían a papá. Él debería estar trabajando a esas horas, y si sus compañeros habían tenido que traerlo hasta casa, era porque algo muy grave había ocurrido. Se temieron
lo peor. Y casi aciertan. Sus compañeros lo subieron y lo pasaron a la habitación. Mis tíos, que también eran niños, y mi madre no pudieron ver nada, solo las caras de preocupación de aquellos hombres llenos de hollín y de mi abuela, que siempre conservaba una gran entereza ante las situaciones difíciles. Un compañero relató lo sucedido: “Estábamos cargando unas planchas de mármol, enormes y muy pesadas. Había que levantarlas con la polea para descargarlas del vagón, y al ser tan peligroso nadie quiso hacerlo. Él, ya sabéis como es, se ofreció a hacerlo. Al cargar la plancha y tirar, la polea cedió y la cuerda se rompió. La plancha estaba a punto de caerle encima y matarle, pero un compañero le agarró por los hombros hacia atrás y logró salvarle la vida, pero desgraciadamente la pesada plancha le aplastó la pierna.” La abuela soltó un grito de horror.
El médico estaba con él en la habitación, y fue a reunirse con la abuela y los hermanos de mi abuelo. La situación era bastante grave. Tenía la pierna completamente aplastada, y probablemente habría que amputársela si quería seguir viviendo. Pero había otra opción. La Renfe ponía a su disposición un tren sólo para él con médico y enfermera, para ir a Madrid y curársela allí si era posible. Pero eso conllevaba sus riesgos. Mi abuela, con esa personalidad tan fuerte que le caracterizaba, decidió la segunda opción. “¡Pero señora, eso es una locura! ¡Puede que ni siquiera llegue vivo allí!”, le aconsejó el doctor “¡Podría ser la responsable de la muerte de su marido!”. Pero no había nada que hacer. Si mi abuela tomaba una decisión, ésta era irrevocable. Nadie se atrevía a llevarle la contraria. Y así fue. Se marcharon a Madrid los dos y todos en Monforte se quedaban impotentes ente el difícil futuro que les esperaba.
Mi madre se marchó a la casa de la Vid, y allí tuvo que mantener el secreto delante de su abuela (mi bisabuela) diciéndole como todos los demás que papá estaba trabajando en León, para no disgustarla, claro. Mis otras tías se marcharon a la casa de Distriz. Y así pasaron seis meses, seis largos e inquietantes meses.
Entonces volvieron. Una mañana como otra cualquiera, de repente se oyeron gritos: “¡¡O Tonino!!” que así lo llamaban “¡¡o Tonino está de volta!!” y más gritos de alegría. Todas las hermanas se asomaron por el ventanal. Al fondo del largo camino se vieron las figuras de varias personas, y entre ellas una figura alta y muy delgada. Inconfundible. El abuelo Antonio caminaba lento pero seguro rodeado de familia y amigos. Las tres niñas salieron a recibir a sus padres, llorando de emoción y alegría, de poder liberarse por fin de ese temor acumulado durante largas semanas. Y ese día hubo fiesta.
Y esta es la historia, entre muchas otras, del accidente del abuelo Antonio, que, años más tarde, en su jubilación, fue nombrado miembro honorífico de la Renfe.


2008/11/29

EL COLEGIO


Un día más, como cada año suena el despertador, pienso por qué lo habría puesto, recobro la cordura y se hace realidad mi pesadilla: empieza el nuevo curso.
Un nuevo curso del que llevo oyendo hablar desde que empecé en la ESO, y no precisamente bien, todos dicen lo mismo: es muy difícil, hay que estudiar todos los días, lo del último día y a última hora ya no funciona, los suspensos se consiguen muy fácil,…
El primer día fue la presentación, el primer disgusto (horario, profesores, normas,…) aunque también algo bueno: puedo salir en el recreo fuera del instituto, demostrar mis habilidades al futbolín,…..y sobre todo que cuando falta algún profesor podemos salir del aula
El resto de los días conocí a mucha compañeros que vienen nuevos al instituto y por supuesto volver a encontrarme con los de siempre.
Las clases “de momento” son iguales que las del pasado año, repito con algunos profesores y echo de menos otros con los que prefería repetir.
En cuanto a los libros de texto, a mí me parece que han “engordado” mucho y que tienen todos letra muy pequeña y muchísimas hojas. Creo que nunca se acabarán (por lo menos que duren hasta el próximo año y que le valgan a mi hermano).

2008/11/25

Mis primeros días de instituto

El pasado jueves he comenzado un nuevo curso en este instituto.
Para mí es casi todo nuevo: profesores, algunas asignaturas, las aulas y algunos compañeros, ya que vengo de otro centro.
Al principio no conocía a muchos de mis compañeros de clase pero con el paso de los días vamos trabando amistad, sin embargo, con los profesores no es tan sencillo, aunque espero adaptarme bien con cada uno de ellos ya que no conozco a ninguno.
En cuanto a las asignaturas, algunas, son nuevas para mí como: filosofía y economía pero espero que me gusten, sin embargo otras como: inglés, francés, lengua castellana, lengua gallega, matemáticas, historia ya son conocidas. Mis asignaturas favoritas son inglés, francés… bueno en general las lenguas y también me encantaría estudiar italiano y alemán. Hay otras que ya no me gustan tanto, como las matemáticas, las ciencias… y luego están las que no me apasionan pero que me parecen muy interesantes e importantes tales como la historia, las ciencias…
Espero aprobar todo en este curso aunque confieso que me da algo de miedo porque todo el mundo que ha pasado por esta etapa en la que estoy yo ahora, me comenta que es muy difícil especialmente los que han estado en este instituto que tiene fama de ser muy exigente y hay que esforzarse y trabajar mucho, ya que no es como la enseñanza obligatoria que aún el año pasado cursaba. Dados los pocos días que llevo aquí, no he podido comprobar por mí misma lo que la gente asegura. Pero espero que pueda sacarlo porque en el futuro me gustaría estudiar una carrera universitaria. Todavía no sé cual quiero hacer pero entre ellas están: traducción e interpretación, turismo, derecho o periodismo.
Así que intentaré esforzarme y trabajar lo más posible para conseguir mis metas.


2008/11/24

¿Bachillerato?

Bueno ya está, empezó el curso y ya estoy en primero de bachillerato.
No hace demasiado tiempo estaba prácticamente convencido de que no terminaría la E.S.O, no me sentía capaz. Además empezaba a verme un poco mayor en relación con mis compañeros, pensaba que lo del bachillerato era para otros, me faltaba voluntad para estudiar y ya eran muchos los años que llevaba de retraso.
Poco a poco fue entrando en mi cabeza la posibilidad de poder hacerlo, la idea de que ¿por qué no?. Y aquí estoy.
Las sensaciones que noto son contradictorias: por una parte me siento bien, orgulloso y satisfecho, pero al mismo tiempo siento miedo, miedo a que me resulte muy duro. Yo soy consciente de que mi base no es buena y eso hace que me desmoralice; pero al mismo tiempo tengo la ilusión de lograr algo que, como ya dije antes, no hace mucho tiempo ni me planteaba.
Ya se verá lo que da de sí este curso, o mejor, lo que soy capaz de dar yo.

2008/11/21

El primer día

Llegué de un colegio donde nos conocíamos todos desde que éramos muy pequeños, al llegar al instituto, me encontré sola, sin ninguno de esos amigos y compañeros que tuve desde que era muy pequeña, veía personas que conocía, amigos, pero también personas que nunca viera.
Dejar el colegio fue tan duro como llegar al instituto, lleno de gente extraña que me impactaba, cambiar de clases para ir a diferentes asignaturas.
El primer día, el de la presentación, solo pisamos el instituto media hora, salí ilusionada, con ganas de probar todas aquellas cosas diferentes.
El viernes, segundo día, empezaron las primeras sensaciones, algunas de angustia por no conocer a la gente, ni conocer el lugar, pero en el fondo no era tan malo, fueron llegando los profesores y fueron llegando las primeras impresiones de ellos, un nuevo día acababa.
Después del fin de semana volvimos a pisar el instituto, y ahí me di cuenta de que una nueva etapa empezaba, llena de esfuerzo, para conseguir lo que quería. Era un lunes, todo el día de clase, un montón de asignaturas y profesores nuevos pasaban delante de mí. Llegó la tarde y dos horas más, llegué tarde a la primera y la angustia me llenó.
El martes me sentí más animada, más contenta con la clase, todo era diferente, pero aún así echaba de menos el colegio en el que tantos años estuve, así que salí en el recreo y me dirigí allí, regrese al instituto para ir a nuevas clases, mucho más animada. Los primeros trabajos, los primeros deberes, y ya teníamos cosas que estudiar.
Al día siguiente, otro día me esperaba, con ciencias para el mundo contemporáneo, hicimos una prueba de nivel, para que el profesor se hiciera una idea de todo lo que sabíamos, y me alegré al comprobar que no todo era tan malo como al principio me parecía.
Todo es muy diferente, muy complejo y a la vez muy sencillo, es difícil ver que estás creciendo, y que en tu vida hay nuevos obstáculos que tienes que afrontar y esta nueva etapa es uno de ellos.

Comienza el curso y comienza el discurso