2010/01/09

¿A quién no le gusta recibir regalos?



¿A quién no le gusta recibir regalos? A todo el mundo le encanta, y quien diga que no, miente. Pero hay algo que no entiendo… Parece que la gerenosidad, amabilidad, solidaridad y el detalle están establecidos por calendario: 24 de diciembre, viene Papa Noel; 6 de enero, vienen los Reyes Magos; el día de tu cumpleaños, y, si tienes suerte, el 14 de febrero también recibirás un presente. ¿Dónde se quedó el dar algo porque te apetece, por cariño, aprecio, amor y, lo más importante, sin pretender recibir algo a cambio?
Llega diciembre, y con él las campañas publicitarias que tardaron en hacerse todo un año y costaron millones, por fín salen a la luz. Pero lo peor es que paralelamente a ellas nuestra ansia de compra, de quemar la tarjeta de crédito, aumenta. Pero este año estamos en crisis, no vamos a comprar tanto… sólo vamos a gastar unos 600 euros por persona. Y a todo esto hay que sumarle los gastos de la fiesta nocturna. Pero no pasa nada, luego estaremos hasta mayo comiendo restos y quejándonos de que no se ponen soluciones para frenar la crisis.
Campañas y más campañas publicitarias durante todo el año, que se acentúan en estas fechas en las que estamos. Nos bombardean con juguetes para los niños y los no tan niños, los perfumes, colonias y todo tipo de cosméticos que si van acompañados de una “celebrity” mejor que mejor… pero lo que más me llama la atención es lo que viene después… los famosos fascículos coleccionables, que confirman ya rotundamente mi teoría de que la gente tiene un grave problema en gastar el dinero que tienen (o que no tienen) porque ¿a quién le puede interesar recibir mes a mes los muebles de lo que va a ser una casa de muñecas? El primer mes una silla, el segundo un trozo del tejado, y el tercero, una olla exprés para la cocina que aún no tienes y que es posible que nunca llegues a tener, debido a la manía de no acabar lo que se empieza. Además hay que tener en cuenta que estos fascículos que al principio son tan apetitosos, van subiendo de precio en cada entrega… en fin, es algo inexplicable.
La publicidad… ¿realmente somos tan ignorantes que nos creemos a pies juntillas que si nos compramos el desodorante de la marca apropiada las chicas se nos van a lanzar al cuello; que utilizando una gota de ese perfume que anuncia esa chica tan famosa, rica y guapa, vamos a tener más amores afortunados? La respuesta a esta pregunta es más que evidente: sí, somos así de “inocentes”… o quizás sea la disculpa que nos ponemos para saciar nuestras ansias de compras compulsivas y tener, así, la conciencia tranquila. No sé, sea cual sea la respuesta, a mi me parece muy triste. Me parecen tristes las dos caras de la moneda: la del consumidor y la de los que sacan tajada (una tajada considerable, dicho sea de paso).

5 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi NO me gusta recibir regalos

Naomi Elvira Tapia dijo...

disculpa..pero no a todos le gusta recibir regalos,..a mi no me gustan los regalos ni las sorpresas

Anónimo dijo...

A mi tampoco me gusta recibir regalos eeh

juan camilo Ovalle dijo...

No me gusta el compromiso que generan los regalos, eso es una pesadilla, recibir algo que no quieres, o no necesitas, es una perdida de recursos, generalmente los regalos se botan a la basura o se olvidan, o peor generan una deuda de retribución, que si el regalo es caro obliga a retribuirlo y es un mecanismo del sistema de impulsar el gasto, que la gente compre, se inventan todo tipo de fechas especiales, en mi caso solo recibo de buen agrado el honorario por trabajar, y con ese dinero me compro lo que necesito o quiero, en mi caso particular ni a la familia le recibo , ni plata , ni viajes, en estos momentos rechace un regalo de viaje con todos los gasto pagos, de la familia, paterna, solo por que no quiero de verle nada a nadie, ese es my punto de vista y no no me gusta que me regalen nada, así se sientan mal prefiero, todo aquello que no se compra con dinero,lealtad, fidelidad, cariño y Amor pero los bienes materiales, no me producen ni tristeza ni alegria, no me tocan , ni significan nada

Anónimo dijo...

A mi tampoco me gusta recibir regalos ni las sorpresas. Y mucho menos de mi marido. Muchísimo menos si son cosas que estoy valorando comprar. Soy muy austera y sopeso mucho cada cosa que me compro. Si él elige por mí en algo que sabe que quiero, elimina la posibilidad de que yo tenga lo que realmente necesito, y me tengo que fastidiar con su elección, coincida o no con la mía. Eso me pone de muy mal humor, porque después de 20 años de relación debería saber que me molesta mucho que haga eso. Hoy es el día de la madre, y otra vez ha aparecido con uno de los bolsos que estuve mirando ayer para un vestido nuevo. Por supuesto, aunque me gusta, no es el que finalmente estaba pensando comprarme. Y ahora tengo ese bolso que no es el que yo quiero, y ya no me puedo comprar el que de verdad me interesa
Entre otras cosas, porque no tengo sitio en el armario, que es muy pequeño.
Le he dicho mil veces que me gustan las flores, que son un lujo que yo jamás me compraré y que además tpequeñol punto romántico de lo efímero... Aunque tampoco me entusiasme que me regale flores, creo que eso lo soportaria sin enfadarme. Pero no, él insiste con ropa y complementos... Qué cruz...
Que no quiero regalos, asi de fácil