2009/02/21

¡AQUÍ TE PILLO, AQUÍ TE MATO!: posible origen

Cierto día Manuel decidió poner fin a la vida de su gallo, planeando hacer de él el plato principal de la cena de Nochebuena. El día veintitrés Manuel salió al corral, cuchillo en mano. El espléndido gallo (el mejor y más grande del gallinero) pareció adivinar las intenciones de su criador, y sin mucha espera, corrió huyendo. El hombre intentó llamar la atención del gallo con suaves silbidos y, más tarde, con comida. Ante la pasividad del ejemplar, que picoteaba el suelo de la finca con total tranquilidad, el criador decidió dejarlo estar por unos minutos e intentar capturarlo un poco más tarde.
Dos horas después, el hombre volvió al corral y se encontró al gallo picoteando en las migajas de la comida que antes había sido usada como cebo. Manuel, ayudado de una red, intentó cazar a su presa ahora que estaba desprevenida, pero ésta, que parecía tener ojos hasta en el lomo, la esquivó muy rápidamente. Cualquier otra persona normal, llegados a este punto, desistiría en su afán de capturarlo y escogería otro gallo que cumpliese las mismas condiciones físicas que el primero, pero Manuel no era otra persona y tampoco era normal.
La lucha entre cazador y presa continuó durante minutos, hasta que Manuel, cansado, decidió dar otra tregua al gallo. Cuando regresó al campo de batalla, el gallo había desaparecido y no había dejado huella de por donde lo había hecho. El humor de Manuel empeoró considerablemente, y sin ánimos de repetir la caza con otro ejemplar, decidió cocinar un delicioso bacalao, que conservaba congelado.
Pasadas veinticuatro horas, Manuel y su mujer comenzaron a preparar la mesa y la comida para el banquete de Nochebuena. A la hora prevista llegaron los invitados. Degustaron todos los manjares que el matrimonio había preparado para la ocasión y, llegados a los postres, unos extraños ruidos, provenientes de debajo de la mesa, empezaron a perturbar la tranquilidad de los invitados. Manuel miró debajo del caro mantel para así hallar el origen y la causa de esos ruidos, y tal fue su sorpresa que poco le faltó para quedarse mudo. Allí debajo estaba el gallo perdido. Y fue entonces cuando Manuel, delante de todos sus familiares, pronunció por primera vez esas palabras que a todos nos resultan conocidas ahora: ¡aquí te pillo, aquí te mato! Y cogió por el pescuezo al animal, que no tuvo en esta ocasión oportunidad de huir. Lo llevó a la cocina y lo mató, a la vez que los invitados oían un golpe seco que indicaba la definitiva victoria del cazador. A partir de ese momento, cuando alguien de la familia decidía contar una historia curiosa, con animales como protagonistas, siempre recurrían al episodio en casa de Manuel.
Y poco a poco, las palabras fueron tomando sentido por sí solas, hasta convertirse en esa frase que todos hemos usado alguna vez en nuestras vidas y que a veces resulta tan adecuada para la ocasión, aunque su significado en estas situaciones ya nada tenga que ver con arrebatar la vida.

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