2010/02/02

El Flautista de Windowslín

Érase una vez una ciudad repleta de ordenadores con el viejo sistema operativo de Windows XP. Tan repleta estaba que la ciudad acabó recibiendo el nombre de Windowslín.
Pero un día, mientas los Windouslinianos navegaban por la red de redes, descubrieron que había un nuevo sistema operativo para sus portátiles y notebooks llamado Windows Vista. Todos, emocionados ante la noticia y deseando actualizarse, instalaron estos sistemas pensando que sus ordenadores serían los más rápidos de la comarca. Pero se equivocaban. En cuanto el nuevo sistema se infiltró en los ordenadores de Windowslín, todo empezó a ir de mal en peor: las actualizaciones de los programas no se llevaban a cabo, los bloggueros no podían colgar sus fotos, los virus entraban con mucha más facilidad en los portátiles, y los firewalls se volvían locos y dejaban entrar todo tipo de información. Pero lo peor de todo no era eso... Lo que de verdad traía locos a los Windowslinianos era que los ratones se bloqueaban constantemente y ellos no podían realizar sus tareas. Tampoco podían volver atrás y deshacerse de el nuevo Windows Vista, porque los ratones no les obedecían.
Los Windowslinianos no podían vivir sin sus ratones... Y por eso decidieron obsequiar a quien los librara del nuevo Windows Vista con una cuantiosa suma de dinero. Muchos eran los que se ofrecían a devolver la efectividad a las computadoras, pero ninguno era capaz de hacerlo.
Hasta que apareció Él.
Era un hombre que nadie conocía en el pueblo, pero que nada más llegar dijo: “La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón desobediente en Windowslín”.
Se armó de su baggette de jamón serrano, (también llamada flauta de jamón), y comiendo sin parar, se puso a formatear sin descanso los ordenadores de la ciudad. Nadie confiaba en que lograse conseguirlo, pero al día siguiente, todo volvía a la normalidad. Los ordenadores respondían, los firewalls funcionaban correctamente y, sobre todo, los ratones obedecían por fin.
El Flautista, que así lo llamaron porque no se separaba de su bocadillo ni un momento, reclamó su recompensa por el trabajo realizado. Pero los avaros paisanos de Windowslín se negaron alegando que él se había pasado la noche comiendo y disfrutando del jamón y no creían que debieran recompensarlo por eso.
Entonces, el Flautista, enfurecido, creó un nuevo virus que envió a todos los ordenadores de Windowslín. Ese virus impedía que se desinstalase el sistema operativo Windows Vista y se instalase el antiguo Windows XP que tan buenos resultados daba...
Así, pronto los habitantes de Windowslín tuvieron problemas semejantes a los que el Flautista había solucionado... Pero en esta ocasión él no estaba para sacarlos del apuro.
Y esto fue lo que sucedió hace mucho, mucho tiempo en esta ciudad llena de fallos en el sistema, donde, por mucho que se busque, nunca se encontrará ni un ratón que obedezca, ni una bagguette.


FIN

1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicidades a la autora.

Una muy buena adaptación del famoso cuento "El flautista de Hamelín", que me ha sorprendido y me ha hecho reírme un rato.