2009/03/26

Un Mundo ideal

Rondaba el año 2.030 cuando el mundo empezó a ir mal. Era un mundo habitado por seres que se hacían llamar humanos que no tenían ni una pizca de sentimiento, ni ilusión, ni sueños. Un mundo en el que todos eran iguales, como pedazos de hielo. Nadie sentía por nadie, nadie quería a nadie. Pero había una excepción.
En un pueblo llamado Monforte aún quedaba algo de aquella vida pasada. Había tres personas que eran diferentes. Lo que más destacaba de ellos era su inconformismo, cualidad que brillaba por su ausencia en aquella época.
Pinocho, Peter Pan y Aurelio, el hombre de hojalata. Así se llamaban. Pinocho era un pequeño muñeco de madera con alma, y quería convertirse en niño. Si hubiera sido como la gran mayoría de las personas de su época, le habría dado igual seguir siendo un muñeco, y no sentir, no vivir; pero el era diferente, tenía ilusión por la vida. Peter Pan era un muchacho de diez años que no quería crecer, porque sabía, o temía que al hacerlo se convertiría en una de esas personas que tan bien conocía; también estaba el hombre de hojalata, que ya era adulto, pero llevaba toda su vida buscando un corazón de niño para poder sentir.
Un día, los tres amigos se juntaron y decidieron ir en busca de ese corazón tan deseado. Una tarde soleada llegaron a una plaza en la cual se encontraron con un señor de avanzada edad que estaba intentando decirla algo a la multitud, pero nadie le hacía caso, sólo los niños permanecieron escuchándolo. El señor, al darse cuenta de que alguien le atendía, se acercó a ellos y les preguntó que por qué estaban allí tan solos.
Estuvieron un rato hablando y los tres amigos le contaron la historia y, Gandhi, que así les dijo que se llamaba, les contestó que no hacía falta que siguieran buscando.
A Pinocho le dijo que no tenía por que convertirse en niño para sentirse mejor, que bastaba con desearlo. Al hombre de hojalata le preguntó que ¿para qué quería un corazón de niño si aún no teniéndolo era una de las personas más bellas que quedaban en el mundo? Y a Peter Pan le aconsejó que no sufriera por el futuro, que viviera el presente y que siguiera siendo tal y como era y de esa forma jamás llegaría a convertirse en uno de esos seres detestables que estaban arruinando el mundo.

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