2009/06/27

Cuéntame un cuadro: Hopper


¡Por fin llegaron las esperadas vacaciones! Después de nueve meses trabajando, necesitaba un descanso. Descanso que aprovecharé para pasarlo que mis mejores amigos: los protagonistas de mis libros preferidos.
Voy en el tren camino a la casa que tienen mis padres en la sierra, el mejor lugar del mundo. Nada en comparación que el frenético ritmo de la ciudad. El vagón está practicamente vacío. Sólo tengo la compaña de un señor que va ensimismado con su ordenador, y una abuela y su nieta que están manteniendo una conversación muy animada. Yo me voy a poner a leer. Estoy leyendo Los Pilares de la Tierra , es una hermosa novela, aunque no es muy fiable que yo diga eso porque no hay libro que no me guste. Siempre que leo me meto tanto en la vida de los personajes que al acabar el libro me quedo con ganas de saber más de sus vidas. Mis amigos dicen que tengo un problema grande con esto de la lectura.Yo no lo creo así.
Tengo sueño.
Me sobresaltó una mano que me tocó el hombro. Me llamó por mi nombre, pero no tenía ni idea de quién era. Era un señor de mediana edad, me pareció extranjero por su forma de hablar. Me dijo que se llamaba Peter. Me hablaba como si me conociera de toda la vida, pero yo estaba segura de que era la primera vez que lo veía.... y efectivamente así era. Caí en la cuenta de quién era cuándo me dijo que la gente lo conocía como Peter El Araña. No me lo podía creer. Era totalmente diferente a como lo había imaginado. Estaba entusiasmada. Tenía muchas cosas que preguntarle.

- ¿Còmo sabes que me llamo Noelia?- le pregunté.
- Sé muchas más cosas de ti de las que piensas. Compartí contigo toda mi vida. Tú sabes muchas cosas de mí que poca gente conoce.
- Me gustaría saber muchas más.
- Ya lo sé -me contestó- por eso estoy aquí.

Y así fue como me descubrió el porqué de lo que hacía. Me dijo que la única forma de vida que él conocía era la que vivía junto a sus personajes inventados, y sus únicas emociones eran las de ellos. El problema empezó cuándo ya tenía una edad y se enteró de que no tenía a nadie su lado, y sintió la necesidad de compartir su vida, aunque fuera de manera anónima. Por eso empezó a vender sus ideas, para que quien las leyese formara parte de su vida.
Me pareció conmovedor, ya que yo me imaginaba a Peter como la un ser sin escrúpulos y frío, y con esto me demostró que una pizca de sentimientos sí tenía. Me dijo que se tenía que bajar en la próxima estación y nos despedimos.
Casi no pude ver a Peter bajar del tren ya que en esa estación subió una gran cantidad de gente. A mi departamento se vinieron a sentar una muchacha morena que debía tener unos doce años y un militar rubio y guapo, pero que tenía una grandísima tristeza en sus ojos. No venían juntos, pero me daba la sensación de que se conocían y que tenían mucho en común.
Le pregunté a la joven cómo se llamaba, y, para mi sorpresa, me contestó que era Ana, Ana Frank. Quedé asombrada, y aun más cuando me contó la historia del militar, que resultó ser el padre de Bruno, aquel niño por el que tanto lloré. No pude articular palabra, estaban a mi lado Ana y uno de sus verdugos. Le quería preguntar tantas cosas... pero no sabía por dónde comenzar. Fue entonces cuando vi cómo el comandante, con lágrimas en los ojos, comenzó a pedirle perdón a Ana por todo el daño que le había causado, se sentía avergonzado. Dijo que había sido a raíz de la muerte de su hijo cuando se había enterado de todo el mal que estaba causando. Ana le contestó que a pesar de su pasado, ella estaba dispuesta a perdonalo ya que estaba segura de que se volvieran hacia atrás en el tiempo, el militar no volvería a cometer las mismas atrocidades. Pero yo no estaba tan segura. Pensé en qué habría pasado si Bruno no hubiera muerto,¿ estaría el comandante tan arrepentido? ¿Le pediría perdón a Ana?
Me desperté sobresaltada con una voz de fondo que anunciaba a la llegada a mi destino. Estaba aturdida por todo lo que me había sucedido, y decepcionada porque todo había sido un sueño. En mi regazo seguía abierto el libro que estaba leyendo. No fui capaz de evitar una sonrisa y pensar que quizás la próxima noche tuviera una cita que el guapísimo e interesante Tom Builder.

Por Alejandra Díaz Camino

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